22.9.06

 

George Soros, el universalismo a la manera liberal

Cuando escribía sobre Petr Ginz, no podía dejar de pensar en ocasiones qué habría sido de él si hubiera sobrevivido al Holocausto, y se hubiera hecho adulto; cuál era la pérdida humana del genocidio. Y de repente me chocó la analogía con otro hombre que sobrevivió a esta carnicería: ambos eran jóvenes judíos centroeuropeos, brillantes y con talento, ambos eran hijos de destacados y activos esperantistas. Estoy hablando de György Soros. No, no supongo que Petr hubiera hecho caer el Banco de Inglaterra, como con cierto grado de exageración se dice de György, aunque ¿quién sabe?

Sobre el ahora llamado George Soros, ya escribí en esta web, cuando todavía no tenía forma de bitácora, con ocasión de la publicación de la autobiografía de su padre, en esperanto y traducida. Incluso hice algunas gestiones para intentar que también se tradujera al castellano (en estos momentos la obra está publicada en inglés, húngaro, alemán, ruso y turco), aunque hasta el momento sin éxito. Todavía no he renunciado a ese proyecto, aunque sé que no es fácil, entre otras razones por el no demasiado grande interés de los españoles por el Holocausto. Pero la publicación del diario de Petr Ginz me ha proporcionado nuevas esperanzas.

Aparte de esto, durante las últimas semanas hemos tenido algunas noticias sobre Soros (de hecho, ¿cuándo no está en el candelero?), lo cual me ha instigado a escribir de nuevo sobre él. En primer lugar, se ha hablado bastante de su importante contribución a la campaña en contra de la política exterior de Bush, y especialmente de su último artículo sobre el conflicto libanés, en el cual, Soros, él mismo judío, critica claramente la política de los últimos gobiernos israelíes. También ha sido noticia en el mundo hispanohablante su anuncio sobre su disponibilidad para invertir en Argentina. Finalmente, todo ello ha coincidido con diversas informaciones en el mundo esperantista, y con la lectura que he finalizado recientemente de su biografía, no oficial pero de hecho muy favorable, escrita por el periodista Michael Kaufman.

En la biografía aparece relativamente a menudo su pasada relación con el esperanto. Sobre todo se trata del activismo de su padre, Tivadar Soros (también conocido como Theodor Schwartz o, en la versión en esperanto, Teodoro Ŝvarc), que fue una figura muy destacada del movimiento esperantista de entreguerras. Tivadar era un personaje excepcional, brillante, con un gran don de gentes y una mezcla notable de idealismo y sentido práctico. Como decía al comienzo, en 1965 escribió una autobiografía, que, por cierto, se editó en La Laguna (Tenerife), por el mismo editor al que hacía referencia en un artículo anterior, Juan Régulo Pérez. Su título fue "Maskerado ĉirkaŭ la morto" (Mascarada alrededor de la muerte; la palabra Maskerado se mantuvo en esperanto en la traducción inglesa del libro), y se centra en el tiempo de la ocupación nazi de Hungría, y en la manera en que logró salvar a su familia, judía como he dicho: haciéndose pasar por cristianos, falsificando documentos y escondiéndose por separado. El ingenio desplegado fue notable, y no es de extrañar que marcara profundamente el carácter de los hijos. Por esta razón, el libro es citado a menudo en la biografía de Soros, y, en general, la relación con su padre ocupa un lugar destacado, ya que su manera de abordar la vida sin duda marcó el carácter del hijo.

Además, en la biografía de Soros hijo se menciona la relación del propio George con el esperanto. Por ejemplo, el hecho no sólo de que hablaba el idioma desde niño, sino que gracias a él pudo abandonar Hungría, ya que aprovechó su participación en el primer Congreso Universal de Esperanto tras la Guerra Mundial, en Suiza, para salir y no regresar. Posteriormente participó en otros encuentros de esperanto, e incluso hizo propaganda del idioma en el Speakers' Corner de Hyde Park.

Pero el biógrafo también menciona otra relación de George Soros con el esperanto que es más marginal y a la vez más profunda: la relación del esperanto con el universalismo, y su interés por la política internacional, que es central en Soros. De alguna forma, se trata del mismo interés que poseía su padre, aunque sin centrarse tanto en el aspecto lingüístico. En mi opinión Kaufman tiene razón, y ello es una consecuencia no banal del influjo del padre sobre el hijo. Como ya he indicado en otra ocasión, el movimiento esperantista es muy plural, pero este universalismo es, de alguna forma, un fondo común siempre presente. Que el tipo de universalismo que George representa sea distinto al que yo defiendo, no quita para que aprecie esta influencia de fondo.

Debo confesar que valoro más al padre que al hijo, y que ello no se debe a ningún chovinismo esperantista. Tampoco a la fama de especulador de éste, ya que soy consciente de que gran parte de ésta se debe a la necesidad de la prensa de relacionar los acontecimientos con personas definidas, lo que facilita la humanización de las información y la hace más atractiva. Simplemente, para mí es evidente que gran parte de la fama del hijo no es mérito suyo, sino de su dinero. He leído uno de sus libros y varios de sus artículos, y no considero que merezcan el ruido que generan. Tampoco quiero decir que sean banales y que no tengan valor: sencillamente que bajo otro nombre, que no evocara el poder del dinero y la fuerza de la filantropía, no se venderían tanto ni crearían tanta polémica. Para decirlo de forma más clara: merece más ser traducido al español el libro del padre que los del hijo.

Por otra parte, tengo la teoría de que su mayor contribución a la filosofía o a la historia de las ideas es un simple problema de traducción. A saber, Soros es reconocido como uno de los principales difusores del concepto de sociedad abierta, que defendió y promocionó el filósofo Karl Popper. Consiste, de forma resumida, en la organización de la sociedad en la que el Estado permite y favorece las libertades, apenas interviene en la vida de los ciudadanos, hace respetar los derechos individuales, promueve la autonomía económica, respeta y hace respetar las leyes, se relaciona de manera abierta con otros Estados. Pero en realidad, en mi opinión, todo esto ya tiene un nombre antiguo: liberalismo.

El problema yace en que el nombre liberalismo ha perdido ya su significado original, y es difícilmente traducible de unas lenguas a otras. He observado que en Francia casi es sinónimo de extrema derecha (o al menos de derecha de orientación anglosajona). Por otra parte, como es sabido, en Estados Unidos es casi un insulto que hace referencia a la extrema izquierda (o a una izquierda de inspiración francesa). En Inglaterra, Alemania, y muchos países latinoamericanos, si no estoy equivocado, el término está demasiado asociado a partidos concretos. Por otra parte, en España, en cuyas Cortes de Cádiz nació la palabra liberal en su sentido político, el término fue durante muchas décadas la marca de los sectores más avanzados, los que se oponían al poder de la Iglesia católica y al clericalismo. Todavía anda por la Red el libro "El liberalismo es pecado", que publicó un sacerdote catalán. Y liberales fueron sin duda los principales exponentes de la Segunda República, que fue algo así como la quintaesencia del liberalismo español. Incluyendo ahí a socialistas como Indalecio Prieto, que se definió como "socialista a fuer de liberal". Así que es tanto más curioso, a la vez que indignante, que ahora hayan usurpado este adjetivo los sectores más reaccionarios de la derecha española, cuyo altavoz se encuentra en la cadena de radio... ¡de la Iglesia católica!

Yo mantengo una cierta querencia por la palabra liberal, y no me gustaría dejarla en las manos de sus enemigos más característicos. Pero a la vez soy consciente de que el término ha perdido gran parte de su significado, se ha convertido en una voz comodín, que evoca cosas diferentes dependiendo del contexto, según se hable de política o de economía, y según el y el idioma. Es algo parecido a lo que ocurre con la palabra fascismo, como reconoce el historiador Robert Paxton, en su obra "Anatomía del fascismo", cuando describe los distintos significados asignados a esta última palabra, y concluye afirmando que se trata del término más desgastado del vocabulario político, justamente tras la voz liberalismo.

Así que no es de extrañar que Popper hubiera de inventarse una palabra nueva para hacer referencia al concepto que representaba el viejo liberalismo. Parece ser que se trataba de un procedimiento habitual en él: el divulgador científico Martin Gardner escribió un artículo titulado "Una mirada escéptica a Karl Popper", en el que considera que su famosa teoría sobre la falsabilidad de las teorías científicas no era más que un nombre nuevo para el procedimiento de verificación que es consustancial al método científico en su versión más clásica. Así que la creación del concepto de sociedad abierta fue una brillante estrategia para presentar de una forma nueva el liberalismo que en los años 50 y 60 había perdido su vitalidad intelectual.

George Soros no hace otra cosa que utilizar la misma táctica: si él, un billonario, defendiera el liberalismo, ¿quién pensaría que se trata de un teórico genial?

En esperanto
Comentarios: Publicar un comentario en la entrada

<< Volver a la portada