Historia

ENTRE EDUCACIÓN OBRERA Y ALTERNATIVA CULTURAL

Por qué los obreros aprendían esperanto en la España de principios del siglo XX[i]

Resumen

El artículo trata sobre el papel del esperanto en el movimiento para la educación obrera durante las primeras décadas del siglo 20 en España. Además del deseo de educarse en una sociedad que no era favorable a la culturización de las clases bajas, el artículo considera otro aspecto de las razones que tenían los trabajadores concienciados para aprender la lengua internacional: el deseo de crear una cultura alternativa a la oficial, que pudiera servir para los objetivos de la lucha de clases. En este contexto, la educación se convirtió en campo de batalla en el enfrentamiento entre las clases sociales y entre las visiones ideológicas del mundo. Se consideran los dos movimientos obreros que existieron en España en este periodo: el socialista y el anarquista, cada uno de los cuales mostró un abordaje bastante diferente a las demandas de educación de los trabajadores. Específicamente este último movimiento abogó insistentemente por la creación de una cultura alternativa, de la que el esperanto se convirtió en una especie de símbolo.

Introducción

Siempre me ha fascinado estudiar por qué los trabajadores a principios del siglo XX aprendían una lengua a primera vista no muy útil, cuando les esperaban tantas materias dignas de estudio. Por qué unos obreros manuales, después de muchas horas pasadas en los talleres o en las minas, además del tiempo dedicado a las movilizaciones activistas o sindicales, de sus esfuerzos en la vida privada, aún encontraban ganas y tiempo para estudiar y practicar el esperanto.

En su libro “Lingvo kaj popolo” (“Lengua y pueblo”), el profesor Humphrey Tonkin, antiguo presidente de la Asociación Universal de Esperanto, menciona (2006: 93) el papel de la educación obrera en aquellos primeros años hasta la Segunda Guerra Mundial, a menudo ligada al movimiento sindical. Explica allí cómo las asociaciones educativas obreras hacían frente a la demanda de educación, y como el esperanto se introdujo bien en ese ambiente. Como destaca Tonkin, este movimiento perdió gran parte de su importancia tras la apertura de la educación superior a todas las capas sociales.

Aunque en este contexto Tonkin menciona las iniciativas en el norte de Europa, la observación vale también para el sur, y específicamente para España, cuyo movimiento para la educación obrera quiero tratar brevemente en este artículo. Me parece a mí que el mero deseo de educarse no explica todo el esfuerzo realizado, justamente por las posibilidades no muy evidentes de aplicación práctica de estos conocimientos y por la dificultad de que sirviera para promocionarse socialmente. Por lo tanto, quiero poner de relieve otro aspecto de las razones de los trabajadores concienciados para aprender esta lengua: el deseo de crear una cultura alternativa a la oficial, que pudiera servir para los objetivos de la lucha de clases.

Cartel republicanoDebemos considerar que en aquellos tiempos, especialmente en España, la educación no era general, y el analfabetismo alcanzaba porcentajes muy altos en diversas partes del país. La cultura era patrimonio de las clases medias y altas. El estado tradicionalista había dejado la educación en manos de la Iglesia, que básicamente se ocupaba de la educación siguiendo una interpretación de la religión opuesta al pensamiento crítico y a las demandas sociales.

En este contexto, la educación se convirtió en campo de batalla en el enfrentamiento entre las clases sociales y entre las visiones ideológicas del mundo. Este es, en mi opinión, el fondo sobre el que debemos observar el esfuerzo para la educación general que llevaron a cabo los distintos partidos y movimientos obreros, los cuales adoptaron un punto de vista muy ideologizado, en el cual la lengua internacional encontró un lugar relativamente natural.

Este ambiente concreto desapareció prácticamente del todo en España tras la guerra civil, de forma que el movimiento esperantista se vio amputado de esta parte específica. También en otros países, en este caso debido al cambio social, la enseñanza dedicada específicamente a los trabajadores se debilitó abruptamente en las últimas décadas, y el carácter del movimiento esperantista obrero se aproximó mucho más al del resto de los esperantistas.

Mi atención en este artículo seguirá, en gran parte, los análisis contenidos en dos interesantes libros, escritos por historiadores españoles profesionales, que mencionan a menudo el papel del esperanto como parte integral de la cultura obrera. El primero es “Cincuenta años de cultura obrera en España, 1890-1940”, de Francisco de Luis (1994), profesor en la Universidad de Salamanca, que trata sobre la cultura obrera principalmente desde el punto de vista del movimiento socialista. El otro es “A la revolución por la cultura”, de Javier Navarro (2004), de la Universidad de Valencia, sobre los aspectos culturales del movimiento anarquista. Muchas de las consideraciones generales proceden de ambas obras, suplementadas con informaciones más detalladas sobre el papel del esperanto.[ii]

Dos movimientos obreros

La historia general del movimiento obrero esperantista es conocida y ha sido tratada en diversas obras en esperanto, sobre todo en relación con la Sennacieca Asocio Tutmonda (SAT, Asociación Anacionalista Mundial) y sus organizaciones satélites [iii]. Pero hay que destacar que dentro de las obras generales sobre el movimiento esperantista obrero a nivel mundial, el movimiento obrero esperantista español ha sido hasta ahora menos estudiado, y generalmente la alusión a España aparece marginalmente o en notas a pie de página[iv]. Sin embargo este aspecto específico es interesante porque posee algunas características especiales. Una de ellas es la fuerza de la ideología anarquista. Otra, la diferente relación entre los socialistas y el movimiento burgués. La tercera, la relación entre los esperantistas de todo el estado y los de Cataluña.

En relación a la primera cuestión, adelanto ya lo que será más ampliamente tratado a continuación. Esto es, que apenas se puede hablar de “el” movimiento obrero, sino que eran dos los movimientos obreros que existían en España en este periodo. Porque, ya anticipo la conclusión, la situación en España era bastante diferente de la de otros países europeos en relación con el movimiento obrero. En otros países había una fuerte división entre, por un lado, el movimiento esperantista “neutral”, representado por las asociaciones oficiales territoriales y, por otra parte, el movimiento esperantista obrero agrupado en torno a SAT y las asociaciones obreras relacionadas con ella. En España los esperantistas obreros cercanos ideológicamente al movimiento socialista colaboraban sin problemas con los esperantistas burgueses. Como dice Ulrich Lins (1993: 75): “La unidad del movimiento [esperantista] español antes de 1936 no se veía demasiado amenazada por esta polarización que fue característica de la vida política, y que finalmente explotó en la rebelión de las fuerzas conservadoras derechistas lideradas por Francisco Franco. [... ] Apenas existió en España este antagonismo entre los esperantistas obreros y los neutrales, que jugó un papel importante y a menudo fructífero en, por ejemplo, la Alemania pre-hitleriana o en Francia.”

Pero, aún más importante, existió aquí un movimiento totalmente diferenciado, sin comparación con otros países, que se comprometió con el esperanto y que hizo del esperanto uno de sus signos de identidad: los anarquistas. Es esta tendencia la que muestra más claramente los rasgos específicos que antes mencionaba, y a la que es más aplicable el esfuerzo por crear una cultura alternativa, de la que el esperanto se convirtió en una especie de símbolo.

Crónicas del movimiento obrero esperantistaApenas se puede encontrar una obra dedicada a la historia del anarquismo en España que no mencione su relación con el esperanto. Sin embargo, los anarquistas casi están ausentes, hasta ahora, de las obras dedicadas a la historia de movimiento esperantista. Incluso en la obra que trata más detalladamente el movimiento obrero en España, las “Crónicas del movimiento obrero esperantista” de Antonio Marco Botella (2009, versión en castellano del libro “Laboristaj kronikoj”, publicado por primera vez en 1996), las alusiones a los activistas anarquistas se centran casi exclusivamente en la época de la guerra civil. Es posible que la razón sea, digamos, técnica: dicha comunidad, en ese periodo, se apartó casi por completo del movimiento esperantista general, esforzándose en crear una cultura alternativa. Por consiguiente, sus acciones ni siquiera son mencionadas en las publicaciones del resto del movimiento, no tomaban parte de los congresos, editaban revistas propias y se reunían por su cuenta. Cuando estudiamos la organización esperantista, esta cultura alternativa pasa casi desapercibida. Sin embargo, cuando los historiadores independientes estudian el anarquismo, no pueden dejar de encontrar menciones al esperanto, el cual formaba una parte integrante de la cultura anarquista.[v]

Los dos movimientos mostraban una actitud similar hacia la lengua internacional, pero los socialistas ponían más énfasis en el objetivo culturizador, mientras que a los anarquistas les atraían más los aspectos alternativos del movimiento. Hay que añadir que, a medida que los socialistas se fueron integrando en el sistema político, ambos motivos fueron perdiendo su importancia: por un lado, consiguieron elevar el nivel cultural del pueblo mediante los procedimientos habituales del estado, incluyendo la enseñanza pública, y por otro lado, la cultura alternativa que ellos defendían, cada vez más se fue convirtiendo en parte de la general.

La cultura obrera

Entre los objetivos del movimiento obrero a principios del siglo XX, tuvieron un lugar destacado las exigencias para elevar el nivel cultural de las capas sociales pobres, y la creación de una propia cultura, bien como parte de la cultura tradicional general, bien como alternativa a ésta. Debido a que las escuelas públicas apenas daban respuesta a las necesidades de los trabajadores, sobre todo de los adultos que no habían tenido la oportunidad de cultivarse, el movimiento obrero creó sus propios medios para cultivar su cultura: ateneos, casas del pueblo, cooperativas culturales.

Las clases dirigentes en España siempre sospecharon que un trabajador culto era una persona peligrosa, de poca confianza, que podía tener tendencia a hacerse preguntas y contestar el orden social. En este sentido, los activistas consideraban la falta de cultura como un robo de las clases sociales altas, que no permitían la educación de los trabajadores para poder dominarles mejor.

Pero al mismo tiempo, como dice Francisco de Luis Martín (1994: 7-10) los trabajadores de ambas tendencias rechazaban “la educación oficial a la que se tachaba de autoritaria, domesticadora, clerical y servidora de los intereses capitalistas. Al estado, a los poderes públicos y a las fuerzas sociales y políticas que en ellos se sustentaban se les acusaba de su inhibición en el fomento de la educación y la cultura de los obreros, contribuyendo así al terrible problema de la desescolarización y el analfabetismo, de haber desarrollado una interesada política educativa y cultural de corte clasista, instrumentalizando ideológicamente la enseñanza al ponerla al servicio de la perpetuación del régimen imperante [...] No pocos dirigentes de uno y otro sector insistirán en que sin el cimiento de la cultura y la transformación de las conciencias no podría llevarse a cabo la revolución social. De esta manera, socialismo y anarquismo, se impregnaron de una mentalidad ‘pedagógica’, que llevó a no pocos de sus líderes a considerar que la educación era la tarea fundamental de la revolución, e incluso que la lucha de clases no era, en definitiva, más que un problema de cultura.”

El esperanto se convirtió pronto en una de las materias de esta enseñanza, que se adaptó bien a las demandas de los trabajadores. Permitía cultivar el sentimiento internacionalista de los movimientos obreros. Posibilitaba la enseñanza de una lengua extranjera, pero lo suficientemente fácil como para adaptarse a un nivel cultural en general más bajo, y creaba un sentimiento de distancia con la cultura oficial.

El esperanto fue enseñado en los medios de los dos principales movimientos obreros: el socialista[vi] y el anarquista, y se convirtió en uno de los símbolos de esta educación.

El esperanto en los grupos socialistas

Los grupos marxistas dedicaron mucha atención a la educación cultural. Una gran parte de sus primeros líderes surgieron de los niveles más ilustrados del movimiento obrero, y sentían como una carencia importante el lamentable estado de la educación en las clases bajas de la sociedad. Crearon departamentos culturales en sus círculos por dos razones: deseaban contribuir a la educación del pueblo y crear una cultura alternativa a la oficial.

Esta acción cultural, variada y compleja, tenía además como objetivo la creación de un grupo compacto e identificable de activistas con capacidad para influir en los medios sociales, en el que el “trabajador concienciado” se convertiría en un personaje destacado, virtuoso, con prestigio entre sus compañeros y entre las clases sociales medias, las que colaboraban en la lucha social.

En este contexto, el esperanto se convirtió en parte del esfuerzo cultural de los socialistas. Su enseñanza tenía una doble faz. Se daba así a los obreros la posibilidad de aprender una lengua racional y fácil, que por su simplicidad era especialmente adecuada para hombres sin una especial educación, y además, permitía el contacto con otros países, contribuyendo a la paz internacional. Por otro lado, permitía cultivar la ideología internacionalista del movimiento, en unos tiempos en el que el patriotismo, junto con la religión, se convertirían en el instrumento principal de las clases altas para crear una unidad armónica dentro de las propias fronteras, y rebajar la legitimidad de las llamadas a favor de la lucha de clases (de Luis Martín, 1995).

La defensa de la utilización del esperanto se convirtió en una constante durante las primeras décadas del siglo XX. Mostremos algunos hitos de este intento, que nos proporcionarán una idea de la profundidad de la campaña.

Las menciones al esperanto aparecieron muy pronto entre los socialistas, en el congreso de creación de la Federación de Juventudes Socialistas, que tuvo lugar en Bilbao en abril de 1906 (seguimos en lo básico los datos aportados por De Luis Martín, 1995). En esta asamblea se aprobó una propuesta por la que se facultaba al Comité Nacional para que “estudie la manera de declarar el esperanto lengua internacional para facilitar la relación entre las Juventudes”. Esta proposición, junto con la propuesta de adhesión a la Internacional Juvenil Socialista, en un momento en el que esta asociación aún no existía formalmente, era fiel reflejo de la vocación internacionalista de la asociación.

Otros activistas se manifestaron en contra de esta propuesta por considerarla asunto de soñadores como los anarquistas, mientras existían cuestiones mucho más urgentes en la educación del pueblo. Sin embargo, otros militantes se mostraron favorables a la promoción de la lengua internacional. En “El Socialista” se publicaron sucesivos anuncios de cursos de esperanto, el primero de los cuales por parte de la Juventud Socialista Madrileña ya en ese mismo año 1906.

En abril de 1914 se creó en Madrid la asociación obrera esperantista “Libera homo” (“Hombre libre”). Se organizaron cursos en la Casa del Pueblo”, en junio fue anunciada la aparición de “Socialismo”, primer periódico socialista esperantista en España, redactado de forma bilingüe. También se intentó crear una Federación Obrera Esperantista Española, pero la idea no cuajó finalmente y desapareció pronto.

La actuación de los esperantistas socialistas en los años siguientes se encuadró o bien en el movimiento general (neutral), o bien en la organización supranacional SAT (Sennacieca Asocio Tutmonda, Asociación Anacional Mundial), fundada en 1921, a la que se afiliaron algunos de los socialistas esperantistas más comprometidos.

Francisco Azorín IzquierdoEl más importante entre ellos es Francisco Azorín Izquierdo. Sobre él hay un estudio magnífico de José María Rodríguez (2005). Azorín tomó contacto con el esperanto ya en 1910, en el congreso de la Internacional Socialista, donde un grupo de jóvenes esperantistas hacían propaganda de la lengua. Azorín creó y presidió el grupo de Esperanto de Córdoba, y fue muy activo en favor de la lengua, no sólo en los entornos obreristas. Fue un hombre relativamente importante en el Partido Socialista Obrero Español, asesor municipal, diputado provincial, después diputado nacional, y ocupó otros varios cargos en el partido. Durante los años 20 publicó en la revista “El Socialista”, órgano oficial del PSOE, constantes colaboraciones con el título “Notas esperantistas”, en las que recogía informaciones sobre la lengua y daba a conocer noticias internacionales.

En el XII Congreso del PSOE, celebrado en Madrid en 1928, Azorín defendió la propuesta de los grupos de Córdoba y Valencia para que el partido favoreciera la adopción del esperanto por parte de las organizaciones internacionales socialistas. La propuesta fue apoyada también por otros líderes, pero después de una oposición parcial de otro grupo, se enmendó la propuesta, en el sentido de recomendar únicamente la adopción de la lengua, considerando la dificultad de adoptarla como único medio de comunicación.

Propuestas similares ya se habían aprobado en el XIV Congreso del sindicato socialista Unión General de Trabajadores (UGT) en 1922, en las que se decidió proponer a la Internacional de Trabajadores el uso del esperanto para las relaciones entre los sindicatos, y la creación de “un organismo central encargado exclusivamente de fomentar el estudio y difusión del esperanto en las organizaciones obreras españolas”. También el II Congreso de las Juventudes Socialistas, en 1927, aprobó la propuesta de que el esperanto se estudiara en las escuelas. En el Estatuto de la Federación Nacional de Juventudes Socialistas se encontraba, desde 1925, la siguiente recomendación: “A ser posible, toda la correspondencia que tenga carácter internacional será redactada en Esperanto, extendiendo su uso para todas las relaciones internacionales” (en “El Socialista” nº 5243, citado de nuevo por De Luis Martín, 1995).

Tuvieron lugar cursos en las sedes socialistas de diversas ciudades. Estas sedes eran conocidas como “Casas del Pueblo”, y habían adquirido una importancia destacable como centros de la actuación social y cultural de los socialistas, de tal manera que a menudo eran denominados los “templos obreros”. Una de las obras que más detalladamente trata sobre esta función cultural de las Casas del Pueblo, menciona específicamente la enseñanza de la lengua esperanto como parte integral de esta educación, y hace alusión a la existencia de este tipo de enseñanza como mínimo en las Casas de Madrid, Barcelona, Zaragoza, Badajoz, Bilbao, Valencia, Córdoba y Sevilla (de Luis Martín / Arias González, 2000).

El caso de Zaragoza lo conocemos bien gracias a los escritos de Antonio Marco Botella. Sobre la actividad en la ciudad extremeña de Badajoz, no sabemos mucho más que allí fue activo Rodrigo Almada, que también fue diputado en las primeras Cortes de la República.

Grupo esperantista socialista de BilbaoConocemos detalladamente la actividad en Bilbao, entre otras razones, por el testimonio de nuestro amigo Eduardo Larrouy, aún ágil y activo. Hubo actividades no sólo en Bilbao, sino también en ciudades industriales y mineras de la zona como Éibar, Sestao y La Arboleda. Hasta dos de los tres miembros socialistas del primer gobierno autónomo vasco durante la guerra eran esperantistas, Juan Gracia y Santiago Aznar.[vii]

Finalmente, no olvidemos el caso de Valencia. En esta ciudad tuvo un papel principal el Laborista Esperantista Grupo (Grupo Esperantista Obrero), cuya principal figura sería Luis Hernández Lahuerta. Este grupo organizó en 1934 el XIV congreso de la citada asociación anacionalista SAT. Pero su logro más famoso tuvo lugar durante la guerra civil, cuando se ocuparon de la edición de la famosa revista “Popolo Fronto” (“Frente Popular”), que llevaría la voz del gobierno republicano más allá de las fronteras españolas.[viii]

Cayetano RedondoMerece una reflexión el que la llama del Esperantismo brillara en un grupo de cuadros intermedios del socialismo, no de primer rango, pero bastante activos y conocidos. Además de los ya citados, podemos indicar el nombre de Cayetano Redondo, quien también fue diputado en 1931, y durante la guerra sería alcalde de Madrid (Marco / Barrio, 2003). Algunos de ellos pertenecían a las clases sociales intelectuales y pequeñoburguesas, muchos de los cuales se aproximaron al Partido Socialista porque lo consideraban como la fuerza que podría modernizar el país. Otros pertenecían a lo que a veces se ha llamado “aristocracia obrera”, es decir, los miembros de la clase obrera con una mayor especialización profesional, entre los cuales el partido y el sindicato socialista reclutaron sus líderes y funcionarios, y entre los que la tendencia al autodidactismo era más aguda.

Ello, sin embargo, no significa que fueran el núcleo del Esperantismo. Según las informaciones obtenidas, también los obreros de más bajo nivel, sobre todo los jóvenes, participaban en los cursos. Para muchos de estos estudiantes, el esperanto era también una ventana abierta a nuevas posibilidades, tanto laborales como sociales, que satisfacían la necesidad de elevar su nivel social y espiritual.

Otros grupos marxistas

El lector atento quizá se haya dado cuenta de que en los párrafos anteriores sobre la actividad de los socialistas, apenas he mencionado la actividad en Cataluña. Esto se debe a una particularidad histórica de esta región: el débil arraigo del Partido Socialista Obrero Español en sus zonas industriales. A pesar de que el sindicato socialista UGT había sido fundado justamente en Barcelona, fueron los sindicatos anarquistas quienes tomaron el papel principal entre los obreros, mientras que la pequeña burguesía se inclinó más por los partidos regionalistas o nacionalistas. Los grupos socialistas en esa época estuvieron dispersos, desunidos y no fueron muy influyentes.

Sin embargo, un grupo debe mencionarse en este contexto. Cataluña fue el bastión de unos pequeños partidos, con pocos activistas pero muy influyentes por su actividad y su prestigio, que en los años 30 se unieron para constituir el Partido Obrero de Unificación Marxista, internacionalmente conocido por las siglas POUM. Su ideología era comunista, pero heterodoxa, de tal manera que a menudo, no muy exactamente, se le clasifica como troskista.

Debemos prestar atención a este partido, porque entre sus activistas y líderes encontramos comparativamente muchos esperantistas. El primero que debe ser mencionado es Andreu Nin, quien durante la guerra civil sería su dirigente más importante, y que se haría trágicamente famoso por su captura, desaparición y asesinato a manos de agentes soviéticos. Andreu Nin sabía esperanto, fue activo en el movimiento durante su juventud, e incluso lo utilizó en un mitin público. No tenemos noticias sobre actividades posteriores en favor del esperanto. Probablemente se concentró más en la lengua rusa, que dominaba perfectamente y de la que tradujo muchas obras al español y al catalán.

Pero no fue el único. Muchos POUMistas fueron esperantistas, y en el seno del partido organizaron frecuentes actividades a favor del idioma. Dos de ellos son muy conocidos fuera de los círculos esperantistas: Ramón Fernández Jurado y Jaume Viladoms i Valls. Fernández Jurado[ix] explica en su autobiografía (1987) diversas circunstancias de su relación con el esperanto, y del ambiente que se podía encontrar en la confluencia entre la actividad política, la interrelación social y el esperantismo.

Este grupo fue el principal organizador de la “Unión Proletaria Esperantista de los Países Ibero-Americanos” (Prolet-Esperantista Unio de Iber-Amerikaj Landoj, PUIL) fundada en 1932 y que, a pesar del nombre, actuó casi exclusivamente en Cataluña.

Viladoms y Fernández Jurado son ejemplos de este típico afán de los trabajadores por la cultura que ya hemos descrito. Ambos eran trabajadores manuales, deseosos de escapar de las carencias de la educación formal. Participaban en todo tipo de iniciativas culturales. Pero además, en ambos casos se observa otro rasgo característico: la pasión por enseñar a los demás, porque para ellos, cultura e información son herramientas para cambiar el mundo y eliminar la injusticia. La pasión por enseñar instigó, por ejemplo, a Viladoms, a la creación de instituciones educativas y a la enseñanza (también del esperanto) incluso en la cárcel.

Conocemos poco sobre la actividad esperantista de los comunistas ortodoxos. Sabemos que su revista Mundo Obrero tuvo durante algún tiempo una columna sobre esta lengua. Pero debemos considerar que el Partido Comunista de España era poco importante antes del comienzo de la guerra civil, sin una gran influencia social.

Los esperantistas anarquistas

Cartel esperantista obrero 1914El principal rasgo específico del movimiento obrero español en aquellos años era la fuerza de la organización anarquista. Dominaba gran parte del movimiento obrero, con especial arraigo en dos centros: Andalucía y Cataluña. El movimiento era bastante variado: los anarquistas andaluces encontraron sus raíces en el campo, donde la enorme concentración de la propiedad conducía a los campesinos a un trabajo asalariado muy dependiente de las estaciones y los caprichos de los terratenientes. La sociedad era muy atrasada, con una gran pobreza y altos niveles de ignorancia y analfabetismo. Por el contrario, la sociedad catalana era la más industrializada y la más instruida, y allí el movimiento anarquista surgió de la relación directa entre los patrones y los asalariados. En otras regiones (Aragón, Valencia, Madrid) el movimiento anarquista competía con los socialistas, de los que les separaba la desconfianza hacia las estructuras organizadas y la tendencia a la autoorganización sin representantes.

En 1907 se creó un grupo esperantista ligado al sindicalismo: “Paco kaj Amo” (“Paz y Amor”), en Barcelona. En 1910, y eso fue un logro significativo, el grupo esperantista “Libero” (“Libertad”) participó en la fundación de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), que pronto se convertiría en el principal sindicato del país, con el anarquismo como orientación ideológica fundamental. Cuando en 1927 fue fundada la Federación Anarquista Ibérica (FAI), el grupo más ideologizado del movimiento libertario, que de alguna manera guió el movimiento sindical en los años siguientes en contra de la tendencia más proclive al compromiso, el llamamiento al estudio del esperanto se manifestó ya en el congreso fundacional. Durante los años 20 y 30, tanto durante la primera dictadura militar, como durante el periodo republicano, el interés por la cultura creció ininterrumpidamente en los ambientes libertarios. Muchos activistas aprendieron la lengua. Parece ser que muy a menudo su conocimiento era superficial, o bien quedaba en el estadio de la identidad ideológica, sin llegar a su uso concreto o a un nivel avanzado. Muchos adquirieron e nivel justo como para poder considerarse esperantistas, pero no profundizaban más, y diversos testimonios de veteranos nos informan sobre esta circunstancia.

No obstante este compromiso, la organización específica del movimiento libertario esperantista fue débil. Se creó una sección de la liga mundial libertaria [oficialmente llamada “Tutmonda Ligo de Esperantistaj Senstatanoj”, “Liga Mundial de Esperantistas sin Estado”], llamada “Ibera Ligo de Esperantistaj Senstatanoj” (ILES, “Liga Ibérica de Esperantistas sin Estado”), pero la colaboración entre grupos de diversas ciudades no fue fácil. La asociación tenía carencias organizativas, no infrecuentes en el movimiento anarquista, que tendían más que los socialistas a centrarse en la actividad local, mediante los llamados grupos de afinidad, y solían desconfiar de las asociaciones centralizadas.

Anarquista era Ángel Pestaña, que fue quien, durante el Segundo Congreso de la Tercera Internacional (Komintern) en 1920, junto con otros delegados, propuso el uso del esperanto como lengua auxiliar en la organización.[x]

La visión anarquista del mundo

Los anarquistas rechazaban totalmente la organización tradicional de la sociedad, y esperaban construir otra, basada en la eliminación de las estructuras estatales, la unión directa entre los individuos y la ruptura de las ataduras de la vieja ideología, entre las que destacaban la religión y las fronteras. Una de las condiciones básicas para alcanzar una nueva sociedad sería el despertar de una nueva conciencia de la humanidad, mediante la culturización y el descubrimiento de otras posibilidades de organización. De esta manera, la educación por medio de nuevas estructuras y nuevos medios se convirtió en condición indispensable para la creación del hombre nuevo.

La educación se organizaba en dos tipos de lugares, relacionados entre sí, a los que las organizaciones libertarias dieron una gran atención: las escuelas racionalistas y los centros culturales conocidos como ateneos.

Las escuelas racionalistas en España utilizaron como modelo el creado en Barcelona por el pedagogo Francesc Ferrer i Guardia. Como es bien conocido, Ferrer fue fusilado en 1909, acusado de ser el instigador de la rebelión conocida con el nombre de Semana Trágica, que tuvo lugar aquel año en Barcelona y en otros lugares, justo antes del 5º Congreso Universal de Esperanto también celebrado en Barcelona. La relación de Ferrer con el esperanto no es del todo clara, más allá de su conocida frase, al ser preguntado por qué las lecciones de su escuela se hacían en español, en el sentido de que él preferiría que se hicieran en esperanto. También sabemos que cuando la policía descubrió su escondite y le arrestó, él mostró la invitación para asistir al citado Congreso Universal de Esperanto.

Ciutat cremadaUna película sobre esta Semana Trágica, “La ciudad quemada”, que tuvo un gran éxito al comienzo de la Transición, contiene una escena protagonizada por anarquistas, en la que se muestra a un grupo estudiando y practicando el esperanto. Se puede argumentar, como han hecho algunos esperantistas, que se trata de un cliché, ya que también muchas otras tendencias sociales tuvieron relación con el esperanto, incluso con más fuerza, como demuestra la organización de dicho Congreso Universal, pero aun así, la escena de la película muestra un contexto real.

Los ateneos fueron la sede principal donde se desarrolló la cultura anarquista. Eran organizaciones especiales en las que se intentaba compensar la falta de cultura general por medio del apoyo a la autoculturización de los trabajadores. Los ateneos organizaban cursos sobre las más diversas materias, en las que no sólo se encontraban la economía, la ciencia o la geografía, sino también otros asuntos relacionados con la cultura libertaria, como la medicina, la educación sexual o el esperanto.[xi]

El esperanto era incluso presentado a veces como una especie de símbolo del ideal anarquista: “Desde la perspectiva ácrata, la existencia de un idioma compartido acercaba a los pueblos, potenciaba los lazos comunes con los trabajadores de otros países - facilitando las relaciones y la comunicación entre ellos- y fomentaba los sentimientos humanitaristas e internacionalistas (actuando como instrumento de paz y de fraternidad internacional) y la identificación de todos los obreros con la lucha global del proletariado mundial por su emancipación.” (Navarro 2004: 85)

Según una frase aparecida en una revista de las Juventudes Libertarias, ya durante la guerra, citada en el mismo lugar: “Propagar y enseñar el idioma esperantista no deja de ser también una tarea revolucionaria, no en el sentido materialista, pero sí en un sentido ético y humano.”

Cartel anarquista de Manuel MonleónUn ejemplo más: el libro de Xavier Margais (2002) sobre el Esperantismo en Mallorca antes de la guerra civil, reproduce un fragmento de un artículo sobre el esperanto en una revista anarquista, significativamente llamada Cultura Obrera. Bajo el título “Influencias del Esperanto en el desarrollo evolutivo de la humanidad”, el autor, que firma como Joven Ácrata, defiende el uso del esperanto para la emancipación de los proletarios.

Citando de nuevo a Navarro, “se valoraban positivamente otras características de este idioma, como, por ejemplo, el hecho de que facilitara la comunicación con individuos de otros países, eliminando traductores, intermediarios, etc. También su simplicidad: resultaba fácil de aprender y ello favorecía que pudiera estar al alcance de personas que disponían de poco tiempo y recursos para el aprendizaje de lenguas. Tanto la sencillez como la apuesta por el contacto directo eran ideas que calaban en la mentalidad.”

Otra razón para la aproximación al esperanto era su lógica y racionalidad, su ausencia de excepciones, lo cual era congruente con el “hiperracionalismo libertario” sobre el que han llamado la atención algunos autores. Los anarquistas españoles a menudo proponían también la modificación de la ortografía castellana, todo lo cual estaba relacionado con la defensa de la racionalización de la sociedad y la “reorganización racional de las relaciones sociales, fundamentada en los preceptos de la ciencia y la razón”. Nuevamente tenemos que enfatizar que el acercamiento de los anarquistas esperanto fue plenamente ideológico. A menudo se insiste en las revistas obreras que la lengua es un instrumento para la emancipación universal, no un pasatiempo para ociosos: “Que no se nos confunda con esas agrupaciones esperantistas que actúan por mero sport, sin interesarles un ápice que el mundo sufre y trabaja”.[xii]

No aparecen en las llamadas de las revistas libertarias argumentos basados en el provecho alcanzable mediante la lengua, por ejemplo para promocionarse socialmente o para viajar al extranjero. Sí se encuentran ejemplos de invitación a mantener correspondencia, y varios activistas utilizan sus experiencias como argumento en las tareas de información, por ejemplo mencionando sus relaciones directas con la Unión Soviética. Faltan estudios más detallados, pero sospecho que este servicio no fue tan común como en otros países, a causa de la mencionada debilidad de los partidos comunistas en España, y que este tipo de empleo del idioma fuera de los círculos internos del anarquismo fue utilizado antes de la guerra civil sólo por una minoría de activistas.

La acción a favor del esperanto era parte de una concepción del mundo de la que formaban parte ideas como el naturismo, el vegetarianismo, el pacifismo, la lucha contra el alcohol, contra la prostitución o contra las corridas de toros. La religión era especialmente combatida; la lucha contra ella era a la vez una lucha contra la incultura y contra un símbolo del antiguo régimen. No es de extrañar que las actuaciones anticlericales, no pocas veces violentas, se multiplicaran y se convirtiesen en simbólicas antes y durante la guerra civil.

Socialización y solidaridad

Es muy interesante otra función, no exclusiva de los ambientes obreros, y evidentemente también existente en otros círculos: el esperanto era también una herramienta para socializar las personas, para crear lazos de solidaridad y sentimiento colectivo. Los centros obreros y ateneos organizaban conferencias y encuentros, editaban revistas. Varios grupos organizaron correspondencia con esperantistas de otros países. Para muchos trabajadores, ello permitió establecer contacto por primera vez con personas de diferentes fondos culturales.

Además, otro fenómeno interesante que describe Navarro en su obra es la fusión de la práctica del esperanto con otras actividades sociales y culturales. Por ejemplo, los grupos anarquistas esperantistas organizaban excursiones, en las que se charlaba, se cantaban canciones, se practicaban juegos se organizaban charlas, etc., utilizando siempre el idioma internacional. Se formaron también grupos teatrales y coros que participaban en veladas y actos organizados por las organizaciones obreras. En Valencia se creó una “Rondalla Excursionista-Esperantista” formada básicamente por activistas libertarios, pero en el que también participaban miembros del Grupo Laborista antes mencionado en conexión con los socialistas.

La Rondalla intentaba participar en las tres actividades incluidas en su nombre: canción, excursión y esperanto. La formaban más de ochenta personas, sobre todo hombres, y participaba en sesiones organizadas por las organizaciones de trabajadores, básicamente anarquistas, interpretando composiciones muy diversas. Los grupos musicales y teatrales obreros, no sólo los esperantistas, sirvieron para ampliar el horizonte cultural de los trabajadores, dar aliento a las inclinaciones artísticas y también crear lazos entre los participantes. A menudo favorecían la participación de mujeres, jóvenes o casadas, que normalmente no podían o no eran tan proclives a participar en actividades más abiertamente políticas.

Esta función socializadora también se muestra en el papel preponderante de los grupos juveniles. Las ramas juveniles del partido socialista y del movimiento anarquista eran los principales organizadores de las actividades educativas, y los mayores promotores del movimiento cultural. Las Juventudes Socialistas se convirtieron en algo así como “el frente cultural pedagógico del socialismo español”, en expresión de De Luis Martín (1994, capítulo 9).

Especialmente activos se mostraron los grupos relacionados con las Juventudes Libertarias. El grupo esperantista “Libera Vivo” (“Vida libre”) se convirtió en “un auténtico vivero de los más destacados militantes de las Juventudes Libertarias valencianas” (según señala Miguel Íñiguez, citado por Navarro). Generalmente, los grupos libertarios esperantistas participaban en las actividades del movimiento anarquista, a veces con sus rasgos característicos propios. Banderas y emblemas esperantistas aparecían en actividades públicas de los anarquistas.

Colaboraciones y enfrentamientos

Cuando estudiamos la historia del movimiento esperantista obrero en España, sorprende un poco la constatación de que apenas se encuentran enfrentamientos ideológicos entre las diversas tendencias, ni siquiera entre obreros y neutrales. Las peleas se producían más a menudo por motivos personales o territoriales. Es como si el carácter humanista y universalista de la “interna ideo” (la “idea interna” del esperanto) predominara sobre el resto de ideologías.

Sí se puede ver una división organizativa en función de las distintas tendencias, pero parece como si ello estuviera ocasionado por la diferente socialización y organización fuera del mundo esperantista. Cuando se necesitaba hacer propaganda a favor del esperanto, enseñarlo o utilizarlo en la práctica, no se hacían visibles ningún tipo de escrúpulos al respecto.

Congreso de SAT en Valencia en 1934Esta colaboración se muestra en el testimonio de Enrique Marco Nadal, famoso activista anarquista, que cuenta en su autobiografía [xiii] cómo se afilió a SAT a finales de los años 20, con un grupo de boy-scouts. Estudió en clases organizadas a principios de los años 30 en el Sindicato Ferroviario de la CNT. El profesor era Gaspar Vilar, miembro del Grupo Laborista Esperantista (GLE, Grupo Esperantista Obrero) y comunista. Es destacable el hecho de que el esperanto es uno de los pocos ejemplos de colaboración con otros grupos no anarquistas que aparecen en el libro sobre la cultura libertaria que ya hemos citado muchas veces (Navarro, 2004). El GLE estaba más bien por encima de los partidos, siguiendo el espíritu de SAT, mientras que esta convivencia era mucho menos frecuente en los ateneos, grupos naturistas y similares, al menos en las grandes ciudades.

Tampoco parecen haberse producido divisiones entre las diversas ramas del anarquismo. Durante esos años, se produjeron frecuentes enfrentamientos entre una tendencia más antipolítica y otra sindicalista, más inclinada a participar en la vida política general. Ello no se reflejó en la vida esperantista; informaciones sobre cursos y actividades aparecían en los diarios de ambas tendencias.

Un poco anecdóticamente, se puede mencionar que en otra tendencia sí que se produjo una división especial. En el anarquismo individualista encontramos un fuerte arraigo de la lengua Ido, una derivación del esperanto que se hizo relativamente popular a partir de la década de 1910. De hecho, uno de los más importantes propagandistas del Ido fue José Elizalde, uno de los principales teóricos del individualismo en España, traductor al español de las obras de Han Ryner y E. Armand, y editor de revistas que hacían propaganda de esta tendencia en el país. Era una corriente minoritaria, pero aún tuvo fuerza suficiente como para editar una revista en Ido y organizar varios grupos, sobre todo en Cataluña.

El movimiento sindicalista general tendió más hacia esperanto. Aunque a veces se encuentra alguna polémica en alguna revista libertaria, lo normal era encontrar anuncios sobre actividades de ambos grupos, a veces en colaboración. “Val a dir, però, que entre les bases militantes no hi havia enfrontaments, i hom estudiava l’ido o l’esperanto segons els contactes que hagués tingut amb simpatitzants de l’un o l’altre moviment. A més, alguns centres llibertaris havien optat per solucions salomòniques fent cursos de les dues llengües”[xiv].

Años posteriores

Cartel en esperanto durante la guerra civilComo es sabido, en 1936 se produjo un golpe militar contra el gobierno legítimo, que pronto se convirtió en guerra civil. Durante estos hechos, el esperanto fue utilizado, básicamente por la propaganda republicana, y aparecieron ediciones y programas radiofónicos, con diferentes tendencias. No trataremos sobre ellos aquí, ya que hemos escrito detalladamente sobre estas circunstancias en otros textos.[xv]

Después de la guerra muchos activistas en favor del esperanto tuvieron que exiliarse; una parte de ellos continuó su actividad en Francia, México e incluso en países más lejanos. Tenemos informaciones sobre la organización de cursos en los campos de concentración de las playas del sur de Francia y en Argelia. Cuando se piensa en las terribles condiciones que debían soportar los concentrados en estos lugares cerrados, y que sin embargo muchos encontraran tiempo y ganas para aprender una tal exótica lengua, podemos adivinar la sed de cultura, de una cultura alternativa e ideologizada que cultivaban.

Mientras tanto, dentro de España el movimiento esperantista obrero desapareció completamente después de la guerra civil. Incluso el movimiento general esperantista no encontró en los primeros años un buen terreno para volver a florecer. La desconfianza de las autoridades, incluso cuando los activistas eran personas no sospechosas, la ruptura de la continuidad histórica, el aislamiento del país durante y después de la guerra mundial, y, no menos importante, la crisis económica que asoló el país, todo ello no ayudaba al renacimiento de un movimiento cultural universalista. Cuando, finalmente, las circunstancias poco a poco se suavizaron, fue posible crear nuevas asociaciones, hacer labores de propaganda y retomar el trabajo informativo. Pero todo esto, como uno se puede imaginar, sólo bajo el signo de la neutralidad social y el apoliticismo oficial.

No era posible un movimiento obrero específico. Un trabajo comprometido ideológicamente era inimaginable. Sólo de forma secreta y oculta se podía retomar un poco las actividades obreras tradicionales. Javier Navarro menciona que el esperanto sirvió para “reforzar redes de solidaridad internas y externas durante la larga noche del franquismo”.

Sólo después de la muerte del dictador fue posible rehacer el movimiento esperantista obrero. Pero no puede no mencionarse la debilidad de este movimiento, que implicó sólo a pequeños sectores. Además, perdió gran parte de su inclinación alternativa: se ha convertido en parte de un movimiento más amplio, y no se diferencia mucho de éste, salvo en la insistencia sobre el derecho a existir de un Esperantismo con orientación política, lo cual otros esperantistas, no tan comprometidos, tienden todavía a mirar con desagrado.

Bibliografía

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— ; Ulrich Lins (2006): “La utilización del esperanto durante la guerra civil española”, comunicación presentada en el Congreso Internacional sobre la Guerra Civil Española, (Madrid, 27-29 noviembre de 2006).

— (2010), “Algunes notes sobre el moviment obrer esperantista a València fins a la Guerra Civil”, en Francesc Poblet i Feijoo y Hèctor Alòs i Font (coords.): “Història de l’esperanto als Països Catalans”, Associació Catalana d’Esperanto, 2010.

Fernández Jurado, Ramon (1987): “Memòries d’un militant obrer (1930-1942)”. Barcelona: Editorial Hacer.

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— ; Luis Arias González (2000): “Los templos obreros: funciones, simbología y rituales de las Casas del Pueblo Socialistas en España (1900-1936)”. En: Cuadernos de Historia de España, núm. 76, p. 273-300.

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—, José Antonio del Barrio (2003): “Cayetano Redondo Aceña, nia urbestro”. En: Boletín de Hispana Esperanto-Federacio, nº 359, enero / febrero, p. 26-28. [Versión en castellano aquí]

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Notas

Libro La arto labori kune[i] El presente texto apareció publicado originalmente en esperanto, en el libro homenaje al profesor Humphrey Tonkin, titulado “La arto labori kune”, redactado por Detlev Blanke y Ulrich Lins, y editado por la Asociación Universal de Esperanto, Rotterdam, 2010. La traducción al castellano ha sido adaptada por el autor añadiendo únicamente algunas breves aclaraciones para el lector no esperantista, y actualizando las referencias bibliográficas.

[ii] Los datos bibliográficos precisos se recogen en la bibliografía al final del artículo. Se ha procurado conservar las citas en el idioma original, aunque no en todos los casos se referencian en su integridad.

[iii] No es el momento ahora de entrar en su desarrollo, pero para una visión general en castellano me remito al recientemente editado libro de Antonio Marco Botella “Crónicas del Movimiento Obrero Esperantista”, Asociación Izquierda y Esperanto, Madrid, 2009. Algunas obras disponibles en red pueden consultarse en http://www.nodo50.org/esperanto/textos.htm.

[iv] Véase, por ejemplo, G.P. de Bruin, “Laborista Esperanta Movado antau la Mondmilito”, París: SAT 1936 (El movimiento obrero esperantista antes de la Guerra Mundial) y “Historio de SAT, 1921-1952”, París: SAT, 1953, también Adolf Schwarz, “Survoje al IPE”, Sofía: Pres-Esperanto 1992.

[v] Un buen ejemplo es Marin (2010) en el que el segundo capítulo está destinado exclusivamente al papel del internacionalismo y las lenguas planificadas en el movimiento libertario. El libro fue publicado con posterioridad a la primera versión de este artículo, y de ahí la falta de referencias al mismo en lo sucesivo.

[vi] A partir de aquí, uso la palabra “socialista” para referirme al movimiento organizado alrededor del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Más abajo trato el caso de otros grupos marxistas.

[vii] Sobre ellos, véase mi conferencia en el Congreso Europeo de Esperanto en Bilbao: Barrio, 2004 (en esperanto). Su actividad esperantista se destaca de manera específica en el libro sobre el primer gobierno autónomo vasco: Garrido / Lecuona 2006.

[viii] Véase: Del Barrio (2010)

[ix] Sobre Fernández Jurado ver también Moya 2002: 84-87.

[x] Véase mi artículo “Anarkiisto proponis Esperanton en la Komunista Internacionalo”, “Sennaciulo”, mayo/junio 2009.

[xi] Sobre estas instituciones, incluyendo el papel del esperanto, ver: Pere Solà (1978)

[xii] Nota de la “Agrupación Esperantista Universala Frateco” de Sagunto, “El Esperanto en nuestros medios”, en: “Tierra y Libertad”, Barcelona, 19-7-1935, citada en Navarro, 2004.

[xiii] Enrique Marco Nadal, “Bordeando mis recuerdos”, Valencia 1992 (manuscrito inédito), citado en Navarro 2004: 92.

[xiv] Dolors Marin: “De la llibertat per conèixer al coneixement de la llibertat. L’adquisició de cultura en la tradició llibertària durant la dictadura de Primo de Rivera i la Segona República espanyola”, tesis doctoral, citada en Navarro (2004)

[xv] Lins 1993. Más detalladamente en Barrio / Lins 2006.

José Antonio del Barrio, 2010.
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