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El hombre más genial

26 Agosto 2010 19:30

Acabo de leer la biografía de una de las personas más injustamente desconocidas por el público general, y al que el tiempo sin duda pondrá en el lugar que merece, no sólo entre la comunidad científica, donde su genialidad es ya apreciada sin controversia, sino también en la historia cultural del mundo: P.A.M. Dirac.

Sobre Dirac ya hablé en un texto anterior, donde le ponía como ejemplo de la distinta percepción que los medios de comunicación muestran entre los artistas y los científicos, haciendo referencia al tratamiento tan diferente que el diario “El País” había mostrado ante la muerte casi simultánea de Dirac y de François Truffaut: tres páginas completas al día siguiente más varias más en días sucesivos, en el caso del cineasta, y una brevísima necrológica tres días después en el caso de Dirac. Supongo que los historiadores culturales del futuro irán compensando poco a poco este abismo en la percepción pública, aunque uno nunca puede estar seguro (véase mi anterior artículo), ya que para ello será necesario que la ciencia ocupe el lugar que merece dentro de ese concepto tan vaporoso que es la cultura.

En cualquier caso, Dirac debería ser mucho más conocido por el público general, aunque sólo sea porque, como también indiqué en el artículo citado primeramente, de alguna manera, él fue el inventor de la antimateria, si puede utilizarse esta expresión para indicar que él fue quien de forma puramente matemática, y basándose en la belleza de las ecuaciones, predijo la existencia de este tipo de partículas, que sólo después serían descubiertas en la naturaleza. Sus desarrollos teóricos fueron impresionantes, sobre todo si se tiene en cuenta que fueron publicados cuando él tenía veintitantos años, lo que le llevó a ser aun hoy una de las personas que recibió el Premio Nobel a una edad más temprana.

Su prestigio fue grande entre sus colegas ya desde el principio, y aun hoy sigue siendo un ídolo entre los físicos, que le consideran uno de los mayores genios que ha dado su gremio, sólo comparable a Einstein o Feynman.

Pero el hecho de que sea tan poco conocido no es culpa sólo de la incultura científica general. En este caso, también habría que tener en cuenta su propia personalidad. Al fin y al cabo, las dos personas que acabo de citar fueron a su manera estrellas mediáticas. Dirac, en cambio, no podía soportar la publicidad, y no hizo nada por difundir sus aportaciones fuera de un círculo especializado, ni por mostrarse ante el gran público.

Es justamente el carácter de Dirac lo que da título a la biografía recién publicada en inglés, “The strangest man” (“El hombre más extraño”). No estoy del todo de acuerdo con este calificativo, ya que este concurso seguro que está muy disputado, y además corremos el riesgo de reforzar la percepción popular de los científicos como seres asociales, metidos en su mundo, pero es verdad que Dirac era muy especial. En el libro se muestran casos de científicos igual de geniales, como Bohr o Heisenberg, o el mismo Einstein, con vidas muy normales y a veces hasta apasionantes, pero en el caso de Dirac el mito está justificado. Era un hombre parco en palabras hasta extremos desesperantes, frío en los primeros contactos, preciso en sus respuestas. Las anécdotas que circulaban entre sus colegas eran un tema de conversación muy socorrido, y a veces queda la duda de si no fueron embellecidas a posteriori. Sólo un ejemplo, de entre las que aparecen en el libro, es la siguiente:

Tras una conferencia en una universidad de Estados Unidos, al pasar al turno de preguntas, un asistente dijo: “No entiendo la ecuación que ha escrito en el lado superior izquierdo”. Todos miraron a Dirac, que permaneció en silencio. Tras un intervalo embarazoso, el moderador le preguntó si no deseaba responder, a lo que Dirac replicó: “No era una pregunta, era una afirmación”

La conclusión que saca el autor de la biografía, Graham Farmelo, es que Dirac era autista, y yo estoy de acuerdo con él. No soy especialista en este asunto, y ni siquiera tengo experiencia directa con personas con estos rasgos, pero es un tema que me fascina, y del que he leído algo, y la descripción de Dirac encaja completamente en la mayoría de las características de las personas que sufren esta enfermedad. Su forma de abordar la vida y las relaciones personales parecen extraídas del relato “El curioso incidente del perro a medianoche”, un libro fascinante sobre el que escribí el año pasado (lo siento, sólo en esperanto).

He utilizado la palabra enfermedad con desgana y en cursivas, ya que me resisto a considerar este tipo de condiciones personales como tal. De hecho, me parece más bien un tipo de personalidad, que algunos investigadores prefieren considerar como un extremo en el continuo que va de la racionalidad absoluta a la sentimentalidad incontrolada, y que describen de una manera imprecisa y algo peligrosa como cerebro masculino extremo. Comprendo que a quien tenga a un niño autista en la familia el sufrimiento emocional puede ser grande, pero el ejemplo de Dirac muestra que se puede llevar una vida tan normal como la de cualquiera.

En el pasado, se consideraba que el autismo se producía por tener padres poco cariñosos. Ahora se piensa más bien lo contrario, que son los padres los que reaccionan de forma diferente cuando se encuentran con un hijo que, seguramente por causas genéticas o congénitas, no responde emocionalmente de forma convencional. Y aquí está la parte más intrigante del caso de Dirac: en las pocas ocasiones en las que hablaba sobre sí mismo, él siempre acusó a su padre de haberle procurado una infancia tormentosa, y de las consecuencias que se derivaron de su forma de tratarle. Sin embargo, del libro emerge una imagen del padre, Charles Dirac, como una persona ciertamente algo extraña, quizás él mismo también con rasgos autistas, pero no peor que tantos otros padres que se esfuerzan ante un hijo difícil. No puedo por menos que identificarme con alguno de sus rasgos, no sólo porque él mismo era también esperantista (como, por cierto, los padres de otros genios como Cela o Dalí), sino porque uno no puede por menos que apreciar sus esfuerzos en acercarse a un hijo tan complicado.

El libro es excelente. El biógrafo, el también físico Graham Farmelo, ha hecho un trabajo realmente bueno, no sólo investigando los más pequeños detalles de la vida y carácter de Dirac, sino intentando explicar en un lenguaje sencillo los descubrimientos científicos, el contexto en el que se produjeron, y la importancia que tuvieron en su momento y en la actualidad. Combina lo mejor de la alta divulgación científica y del género biográfico. No sé si existen planes para traducirlo al español, pero si mi recomendación puede ayudar a que alguien lo haga, me parece que habré contribuido al conocimiento y apreciación de quien podríamos mejor llamar “el hombre más genial”.

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El baile de Natacha

25 Agosto 2010 21:04

Siempre me pareció un procedimiento perezoso el que habitualmente utiliza(ba) Mario Vargas Llosa en sus artículos de prensa: tomar el último libro o texto leído, resumirlo y añadir un par de opiniones. Pero como acabo de pasar un par de semanas de vacaciones, voy a sucumbir a esa tentación y emplear en mis próximos artículos el mismo método: voy a hacer unos comentarios sobre alguno de los libros leídos. Prometo no abusar demasiado, pero quizás algunos de los comentarios (ni siquiera críticas) pueden resultar interesantes en algún caso.

Dos comentarios en concreto quiero hacer sobre “El baile de Natacha”, de Orlando Figes, un análisis clásico de la historia cultural de Rusia durante los últimos siglos, que sólo ahora he tenido ocasión de leer en su versión original (cumpliendo mi promesa, tantas otras veces rota, de no leer obras especializadas en traducciones). Confieso que el reciente escándalo en el que el autor (o su esposa, en este caso no importa mucho el detalle) se vio expuesto, al ser descubierto haciendo críticas anónimas maliciosas sobre libros de colegas competidores, estuvo a punto de echarme para atrás, pero he preferido no verme influido por una cuestión personal, incluso si puede resultar reveladora.Natasha's dance

Como decía, no quiero hacer una crítica sistemática, porque me faltan conocimientos para ello, y porque me interesaría más conocer el punto de vista de algún ruso (para lo que he pedido ayuda en un texto paralelo en esperanto), pero sí hay dos observaciones que quería compartir, una de las cuales al menos quizás sea algo original.

LA CULTURA ES POLÍTICA

Esa al menos es la conclusión que se puede sacar del libro. Aunque según el (sub)título la obra trata de cultura y arte, en realidad su tema es la política y las ideas. No lo apunto como crítica, sino al contrario. El libro muestra cómo la cultura no es una superestructura que cae del cielo, sino que se encarna en la sociedad en la que nace. Ese es uno de los puntos fuertes del libro, que explica claramente para personas como yo, que conocen gran parte de la cultura rusa desde un concepto y unas circunstancias lejanas, el fondo en el que las obras surgieron.

Incluso en la literatura, donde es más fácil percibir ese fondo, puede ocurrir, como a mí mismo me pasó hace no mucho, que uno lee “Almas muertas”, de Gogol, sin enterarse realmente de lo que pretendía el autor ni de lo que hay en la novela detrás de unas aventuras más bien superficiales. Más aún en música: mucho me gustan Glinka, o Chaikovski, o Prokofiev, y nada sabía sobre las razones de los estilos y estructuras que gobiernan sus obras. Sólo quedaba la pura forma.

En este contexto, en la relación entre cultura y política, el libro de Figes presenta dos partes muy diferenciadas: la época anterior a la Revolución y la posterior.

En la primera, el gran hilo conductor es la relación entre las grandes corrientes que gobiernan la cultura y las ideas de Rusia, y no sólo las tópicas europeísta y eslavista, sino todos los matices en su seno y entre ellas. Este me parece a mí el gran mérito de Figes, que no simplifica estos debates y enfrentamientos, sino que muestra los múltiples matices, flujos y complejidades del debate, tantas veces simplificado. No puedo juzgar la exactitud de su análisis (para eso haría fácil un especialista, o un ruso), pero no puedo por menos de hacer notar los paralelismos con algunos de los debates similares que se encuentran a veces en la historia cultural de España, entre europeístas y casticistas. Incluso el papel de las guerras napoleónicas en el desarrollo del debate, o en la propia política general fue similar en Rusia y en España (por ejemplo, pocos años separan el intento de golpe de los decembristas y la revolución de Riego, tan parecidos en muchos aspectos). También en esta península los intelectuales y literatos fueron en un momento dado a buscar el alma del país en los campesinos castellanos, para encontrarse al final que éstos apenas tenían nada que ver con sus ensoñaciones, ni entendían el objeto de su búsqueda (sobre la fascinación, incluso actual, de las capas medias urbanas por los aldeanos habría mucho que hablar, y quizás algún día lo haga con más detalle)

No quiero forzar demasiado las analogías, ya que seguramente ello se debe a alguna ley de la historia, o a un rasgo más general del desarrollo social en otros territorios de la periferia de Europa, pero no puedo por menos que mencionarlo. Y quizás mostrar que posiblemente estaban errados los eslavistas rusos (y los casticistas españoles), cuando se creen que su país es único y especial. Desgraciadamente, Figes no parece ser consciente de estas similaridades, y trata la polémica como un rasgo propio de la historia rusa.

El gran esfuerzo por matizar los debates y mostrar sus complejidades, desaparece en el libro, en mi opinión, cuando se llega al periodo de la Revolución Rusa. Me parece que aquí para el autor vale una sola regla: el artista es bueno sólo si o cuando choca con el Estado comunista. Si en el periodo anterior la cultura es política, en el sentido de que sigue las ideas y la evolución social del periodo, ahora la relación con la política pasa a ser en el sentido más directo: en lo que se relaciona con el poder. Aquí el autor toma partido, claro y evidente, occidental, sin matices. Hasta el arte revolucionario sólo vale si en un momento posterior es atacado por el poder, no por sus intenciones, méritos y resultados.

Es una pena, porque me da la impresión que éste es el canon que va a triunfar sobre el arte y la cultura rusas, al menos fuera de ese país. Como una confirmación de que la historia la escriben los vencedores.

¿ES QUE NO HUBO CIENCIA EN RUSIA?

El segundo punto que quería comentar sobre el libro es un tema que ya he tratado en otras ocasiones en este blog y en otros lugares: ¿es que la ciencia no es cultura?

Es asombroso que en un libro subtitulado “Una historia cultural de Rusia” apenas se trata la ciencia en ese país. ¿Es que no se hacía ciencia en Rusia en ese periodo? ¿O quizás el autor considera que la ciencia no es una parte de la cultura? Seguramente esto último es la explicación: 50 años después de la famosa conferencia de C.P. Snow, los historiadores culturales siguen considerando la ciencia como algo aparte. Y es una pena.

En algún momento del libro de Figes se trata alguna ciencia social: historiografía, geografía, antropología, crítica literaria. Cuando se encuentra alguna relación con las ciencias sociales, el biología o la geología pueden aparecer brevemente, pero las ciencias naturales brillan por su ausencia.

¿Cómo es posible que en un libro tan amplio no aparezca el nombre de Mendeleyev? En el índice hay dos referencias a Lomonosov, pero en una de ellas en su calidad de poeta. Los experimentos de Pavlov se mencionan para pasar a tratar sus consecuencias no estrictamente científicas. Kapitza y Sajarov se mencionan sólo de pasada, al tratar de una obra de ciencia-ficción. El rol de Lysenko y sus teorías son fundamentalmente malinterpretados por el autor.

Es más, la ciencia y la técnica aparecen en contextos negativos, como si el interés por ellas fuera contrario al verdadero desarrollo espiritual.

Y sin embargo, un estudio sobre el desarrollo de la ciencia y el papel de los científicos en Rusia pdrían decir mucho sobre el progreso cultural y social del país, y específicamente sobre la dialéctica entre europeísmo, eslavismo, aislamiento o apertura que atraviesan todo el libro.

¿Es por ignorancia, por desprecio, por prejuicios? En cualquier caso, hasta que los historiadores de la cultura no tengan en cuenta el desarrollo científico, sus obras, incluso las más meritorias, estarán siempre cojas.

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Academias de la Lengua

3 Agosto 2010 17:43

Algunos propagandistas del inglés defienden que la predominancia de esta lengua como vehículo de comunicación internacional se debe a razones lingüísticas, y especialmente a la libertad de absorción de palabras y estructuras procedentes de otros idiomas. Según esta teoría, lenguas como el francés o el español están constreñidas por la existencia de unas Academias, que regulan su evolución y les impiden convertirse en un verdadero medio de comunicación universal.

Hace unos meses se ha publicado un nuevo libro en el que se defiende este tipo de simplificadoras tesis (por lo que he leído en algunas críticas; confieso que aún no he leído el original). Se trata de “Globish”, de Robert McCrum, una revisión de un concepto, el globish, que ya hace un tiempo definí como una jerga para torpes. Por cierto, que probablemente nada ilustra mejor la ventaja de la que disponen los hablantes nativos del inglés que el hecho de que esté teniendo más difusión el concepto cuando el libro ha sido escrito por un británico que cuando lo acuñó un francés.

Algunos emplean este argumento sobre la anarquía del inglés, y su presunta adaptibilidad para explicar su dominio sobre una lengua como el esperanto, que imaginan codificado y gobernado por una academia todopoderosa.

Y, sin embargo, cualquier hispanohablante conoce la limitada influencia de la Real Academia. Es una institución que siempre va por detrás de los hablantes, a veces con razón, otras veces de forma ridícula (¿quién continúa usando la palabra muslamen, que al parecer va a ser oficializada ahora?). Peor, un asilo de carcas obsesionados por parecer modernos, que se han debido de dar cuenta ahora de que necesitan que les definan palabras como antiespañol o rojillo, que al parecer no entendían bien a partir de las reglas de derivación y composición del español. Ni siquiera son perjudiciales: simplemente son superfluos.

Pues bien, como ya comenté en otra ocasión, tampoco la Academia de Esperanto dirige la evolución de esta lengua. Casi nadie hace caso a sus recomendaciones, sino que ante las dudas se prefiere recurrir a los clásicos o a los amigos o la comunidad de hablantes.

No es esto lo que limita la difusión de este idioma. Es evidente que las características lingüísticas apenas tienen importancia en tales materias. Creo que nadie, salvo algunos angloparlantes, tiene ninguna duda sobre por qué el inglés es la lengua dominante en las relaciones internacionales. It’s the economy, stupid!

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El efecto Sara Carbonero

18 Julio 2010 13:58

En el artículo previo en este blog comentaba que el efecto de alegría colectiva que se ha producido en el país con la victoria del equipo español de fútbol va a tener una vida corta. Es lo que tiene este nacionalismo alimentado por el deporte: que puede producir cierta unión superficial en el grupo, pero no creo que ayude a un sentimiento comunitario más fuerte y duradero.

Algunos artículos de prensa han sugerido efectos económicos: aumentos en el Producto Interior Bruto o incremento de las visitas turísticas. El primer efecto me parece muy dudoso, y sería un síntoma de lo frágil que es el PIB español que un aumento de la euforia consumista produjera un efecto tan elevado. Tampoco me parecen muy fiables las previsiones turísticas, aunque todo esto prefiero dejárselo a los expertos.

Pero hay un efecto que va a ser más duradero en el país, y que yo juzgo negativo a largo plazo. Que todos los chicos jóvenes del país van a querer ser futbolistas, y todas las chicas, periodistas.

Lo de los chicos creo que no necesita mucha explicación. Tampoco es nuevo: ya hace años que todos los chicos quieren ser futbolistas, y, lo que es peor, también es lo quieren los padres. Cuando el año pasado mi hijo tuvo que elegir su carrera universitaria, me sorprendió la cantidad de sus compañeros, incluso algunos de ellos brillantes estudiantes, que se apuntaron a materias relacionados con los deportes, hasta el punto que varios tuvieron que conformarse con estudios deportivos no universitarios. No critico su elección, pero creo preocupante como país que incluso brillantes estudiantes consideren que la mejor forma de promoción social es la actividad deportiva. Es claro que la reciente victoria no puede por menos de incrementar esa tendencia en los chicos… y en sus padres.

Lo de las chicas requiere una pequeña explicación. Ya hace un tiempo hablé sobre el llamado “Efecto Letizia”. Es un término empleado por Carlos Elías en su libro “La razón estrangulada”, y hace referencia en la atracción por la carrera de periodismo, como forma de promoción social, que conduce a que esta carrera sea una de las que requiere notas más elevadas de entrada, a pesar del alto nivel de paro y precariedad que soporta. Pero cuando uno ve las posibilidades de contactos personales que ofrece, y el “efecto fama” que facilita, a muchos jóvenes le puede merecer la pena el arriesgar y orientar su vida profesional por ese lado. Comentaba en ese artículo que la promoción puede ser indirecta, por medio incluso del matrimonio, y que había numerosos ejemplos del contacto de periodistas con personas poderosas, hasta culminar con la llegada al principado, y de ahí el nombre del efecto. Sara Carbonero en el Huffington Post

Recientemente especulaba en otro texto con la posibilidad de que el fenómeno se viera pronto difuminado debido a la dura situación económica que se avecina, y que a medio plazo carreras más exigentes como las científicas pudieran ver cómo se incrementa el interés por ellas, mientras que disminuiría la atracción por el periodismo. Sigo pensando que la primera parte es aún válida. Pero ya no estoy seguro de la segunda. Cuando entre los 30 principales hitos del Mundial de fútbol para el influyente Huffington Post, dos hacen referencia a una periodista y su romance con lo más parecido que ahora existe a un príncipe azul, me atrevo a vaticinar que el año que viene la demanda para entrar a Periodismo se va a disparar todavía más.

Es triste, pero me temo que esa va a ser, a largo plazo, la principal consecuencia del Mundial. Que pasaremos del “Efecto Letizia” al “Efecto Sara Carbonero”.

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Un nacionalismo soportable

15 Julio 2010 18:04

En los últimos días, gracias a mi participación en bastantes foros internacionales y a mi conocimiento del esperanto, he recibido unas cuantas felicitaciones desde bastantes países, incluyendo sitios como Nepal e Indonesia. Y todo sin merecerlo. Simplemente porque un grupo de jóvenes que al parecer me representa ha vencido en un juego que no me interesa.

No quiero parecer desagradecido. Es verdad que no me interesa el deporte de competición, y que soy bastante inmune a los sentimientos grupales que este tipo de juegos ocasiona. Pero agradezco los buenos deseos de los amigos. A la vez, y sobre todo, me alegra que los que me rodean estén felices. Los buenos sentimientos son contagiosos, y me parece muy bien que la gente que quiero se lo pase bien.

Como decía, no me interesa el fútbol como espectáculo, así que ese día fui uno de los testigos de las calles vacías y participé en el proyecto que organizó Kurioso. También tengo que decir que luego, casi por casualidad, fui testigo de las calles llenas durante la celebración del día siguiente en Madrid.

Como sabe quien me ha leído otras veces en este blog, yo soy muy crítico con el nacionalismo/patriotismo. Me parece muy bien el sentimiento comunitario, pero justamente el grupalismo ocasionado por el deporte es el que más aborrezco. Sin embargo, esta vez debo decir que lo he aceptado bastante bien. Por lo que he podido experimentar, se ha tratado en general de un sentimiento bastante sano y civilizado. Ni se ha visto mucha agresividad ni se ha orientado contra otros.

He visto participación de extranjeros, inmigrantes y turistas. Tampoco he visto que la alegría por la victoria de España se haya manifestado como hostilidad a Cataluña o el País Vasco. A nadie vi protestar por la presencia de una senyera en el autobús de los futbolistas. Y parece que muchos catalanes vieron compatible su participación en la manifestación catalanista del sábado con la celebración española del domingo. En contra de lo que critiqué en otra ocasión, esta vez la proliferación de la bandera rojiamarilla parece que fue símbolo de unión, en vez de secesión.

Me parece bien. No he sentido el entusiasmo general, pero tampoco lo considero negativo. Supongo que a muchas personas les ha venido bien un motivo de alegría en medio de una situación económica desfavorable, y han sentido la necesidad de un sentimiento colectivo cuando acecha la posibilidad de que se produzca una descomposición social y un sálvese quien pueda. También yo me incluiría en este grupo, si no fuera porque me temo que cuando este sentimiento se produce por causa del deporte, es muy frágil, y no aguanta la menor tensión social.

Cuando volvamos después del verano, los problemas seguirán ahí. Necesitaríamos un tejido social más resitente y desarrollado para afrontarlos colectivamente. Las banderas poco van a ayudar.

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¿Qué ha pasado en estos dos meses?

8 Julio 2010 16:32

Si hubiera blogueado aquí durante estos dos meses, ¿de qué hubiera escrito? Bueno, mucho ha pasado durante esta pausa, en relación con el esperanto. Obviamente, la Copa de Fútbol, pero eso, como en las películas de misterio, lo dejo para el final (sí, no es broma, y tengo algo original que decir sobre el asunto)

Lo más visible en estos meses ha sido la aparición del esperanto en un telediario. Ocurrió a principios de junio, dentro del segmento “¿Te acuerdas?” de los informativos del domingo en Televisión Española. Tras unas imágenes antiguas, la reportera se preguntó cuál era la situación del esperanto en la actualidad, y se fue a Cheste, donde históricamente ha habido una importante proporción de hablantes de este idioma, y también nos entrevistó a unos cuantos amigos en una terraza de Madrid. La cosa quedó un poco superficial para mi gusto, con excesivo enfoque en lo anecdótico, pero supongo que ello es inevitable en el medio televisivo. De todas formas, lo mejor es que cada uno juzgue el reportaje por sí mismo:

La realidad es que el reportaje llamó la atención, como pude comprobar en comentarios de amigos y compañeros, y también por el notable incremento de visitas a esta web y a otras similares. Además, fueron visitas de calidad, podría añadir, por el interés y el tiempo que se tomaron en informarse sobre este idioma, leyendo diversas páginas y conectando con los enlaces pertinentes.

No puedo decir exactamente lo mismo sobre el otro pico de visitas que tuvo este blog, como consecuencia del conocido efecto menéame. Hace unos días llegó a portada de esa conocida web un texto de ésta sobre la oportunidad de encontrar un sucedáneo a la letra eñe para el caso en que ésta no se visualice correctamente en los medios electrónicos o impresos. Me alegró saber que hay mucha gente que percibe el problema y está dispuesta a hacer algo al respecto. En cambio, resulta desolador comprobar la gran cantidad de personas que se asoma a la página apuntada en esa web, y se va sin apenas leerla. En cualquier caso, hubo lectores que se interesaron o incluso comentaron, aunque, por desgracia, es muy posible que no pueda mostrar los comentarios que me dejaron, por el citado problema con la anterior tecnología del blog; si al final no lo consigo, sólo puedo decir aquí que lo siento.

Por las mismas fechas que el reportaje de televisión, y cerca del lugar de rodaje, tuvimos otra interesante actividad relacionada con el esperanto en Madrid: un homenaje al poeta Miguel Hernández, ahora que se cumple su centenario. Su traductor al esperanto, su casi homónimo Miguel Fernández, junto con Ana Manero, declamaron sus poemas en español y esperanto, en un acto muy bello y emotivo. Colgué unas fotos en Ipernity, y también hay aquí un vídeo del evento.

Durante estos días me ha llegado un libro que debería formar parte de la serie “en papel” que estaba sacando estas últimas semanas (1, 2 y 3). Se trata de un homenaje a una persona muy conocida en el mundo esperantista, el profesor anglo-estadounidense Humphrey Tonkin, que ha sido, entre otras muchas responsabilidades, presidente de la Asociación Mundial de Esperanto. El libro “La arto labori kune” (El arte de trabajar juntos) contiene casi un centenar de artículos muy diversos de diferentes autores, incluyendo uno mío sobre el movimiento de los trabajadores esperantistas en las primeras décadas del siglo XX en España. Un mes de estos espero poderlo publicar en la web, quizás incluso traducido al castellano, y entonces ya hablaré más del asunto.

Otra acción que va a dar que hablar es la celebración este año en una ciudad latinoamericana, La Habana, del congreso mundial de esperanto, dentro de un par de semanas. Con esta ocasión esperamos que el movimiento esperantista pueda dar un paso adelante en la América hispana, una región relativamente débil en la penetración de esta lengua internacional. Desde la Fundación Esperanto hemos emprendido una campaña de envío de libros de enseñanza y lectura, para su uso en Cuba y resto de países de la zona, y espero que podamos ayudar más a este propósito en lo que queda de año.

Y con el Congreso de Cuba está relacionado el asunto que adelantaba al inicio: la celebración de la Copa Mundial de Fútbol. Parecerá que se trata de dos temas que no tienen nada que ver, pero como ya escribí hace cuatro años, se trata de dos fenómenos muy relacionados: desde hace varias ediciones, el vencedor de la Copa es el país que acoge el Congreso de esperanto. Ya ocurrió en las tres últimas ediciones, aunque este año tenemos el inconveniente de que Cuba no participa en el campeonato. En este caso, ya hace cuatro años se adelantó desde la Asociación Mundial de Esperanto que en circunstancias de este tipo el campeón será el país que alberga la sede de la asociación, es decir, Holanda. Esta previsión la adelanté a principios del campeonato en otra página web, y en conversaciones privadas, y fue despreciada por muchos. Sin embargo, puede verse ahora que hay un fondo real en la misma, y muchas posibilidades de que se confirme. Bien es verdad que algunos han apuntado el hecho de que España tiene, como penúltima potencia colonizadora, y madre patria de Cuba y de los hermanos Castro, el derecho de recibir el privilegio que le correspondería al país caribeño, así que no todo está perdido para los aficionados futboleros españoles. Pero en cualquier caso, ¿hay alguna duda de la influencia del esperanto en todo lo que realmente importa en el mundo?

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He vuelto

4 Julio 2010 21:13

Tras más de dos meses sin bloguear por aquí, ¡he regresado!. Eso sí, he cambiado de sitio, de aspecto, de tecnología y de dirección. Los anteriores artículos se pueden leer todavía aquí, pero los tecnólogos me han hecho alguna faena, y he tenido que empezar casi de nuevo desde el punto de vista formal. No todo está al ciento por ciento, pero espero ir incorporando nuevas mejoras formales y nuevo contenido en los próximos días.

Mientras tanto, actualiza las nuevas direcciones de la bitácora y del canal, y no dudes en avisarme si ves algo técnicamente raro. ¡Gracias!

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