Un nacionalismo soportable

En los últimos días, gracias a mi participación en bastantes foros internacionales y a mi conocimiento del esperanto, he recibido unas cuantas felicitaciones desde bastantes países, incluyendo sitios como Nepal e Indonesia. Y todo sin merecerlo. Simplemente porque un grupo de jóvenes que al parecer me representa ha vencido en un juego que no me interesa.

No quiero parecer desagradecido. Es verdad que no me interesa el deporte de competición, y que soy bastante inmune a los sentimientos grupales que este tipo de juegos ocasiona. Pero agradezco los buenos deseos de los amigos. A la vez, y sobre todo, me alegra que los que me rodean estén felices. Los buenos sentimientos son contagiosos, y me parece muy bien que la gente que quiero se lo pase bien.

Como decía, no me interesa el fútbol como espectáculo, así que ese día fui uno de los testigos de las calles vacías y participé en el proyecto que organizó Kurioso. También tengo que decir que luego, casi por casualidad, fui testigo de las calles llenas durante la celebración del día siguiente en Madrid.

Como sabe quien me ha leído otras veces en este blog, yo soy muy crítico con el nacionalismo/patriotismo. Me parece muy bien el sentimiento comunitario, pero justamente el grupalismo ocasionado por el deporte es el que más aborrezco. Sin embargo, esta vez debo decir que lo he aceptado bastante bien. Por lo que he podido experimentar, se ha tratado en general de un sentimiento bastante sano y civilizado. Ni se ha visto mucha agresividad ni se ha orientado contra otros.

He visto participación de extranjeros, inmigrantes y turistas. Tampoco he visto que la alegría por la victoria de España se haya manifestado como hostilidad a Cataluña o el País Vasco. A nadie vi protestar por la presencia de una senyera en el autobús de los futbolistas. Y parece que muchos catalanes vieron compatible su participación en la manifestación catalanista del sábado con la celebración española del domingo. En contra de lo que critiqué en otra ocasión, esta vez la proliferación de la bandera rojiamarilla parece que fue símbolo de unión, en vez de secesión.

Me parece bien. No he sentido el entusiasmo general, pero tampoco lo considero negativo. Supongo que a muchas personas les ha venido bien un motivo de alegría en medio de una situación económica desfavorable, y han sentido la necesidad de un sentimiento colectivo cuando acecha la posibilidad de que se produzca una descomposición social y un sálvese quien pueda. También yo me incluiría en este grupo, si no fuera porque me temo que cuando este sentimiento se produce por causa del deporte, es muy frágil, y no aguanta la menor tensión social.

Cuando volvamos después del verano, los problemas seguirán ahí. Necesitaríamos un tejido social más resitente y desarrollado para afrontarlos colectivamente. Las banderas poco van a ayudar.

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Aŭtoro / Autor:Tonyo
Dato / Fecha: 15 Julio 2010 18:04
Lingvo / Idioma / Language: en castellano
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Unu komento / Un comentario

  1. 1

    [...] el artículo previo en este blog comentaba que el efecto de alegría colectiva que se ha producido en el país con la [...]