El efecto Sara Carbonero

En el artículo previo en este blog comentaba que el efecto de alegría colectiva que se ha producido en el país con la victoria del equipo español de fútbol va a tener una vida corta. Es lo que tiene este nacionalismo alimentado por el deporte: que puede producir cierta unión superficial en el grupo, pero no creo que ayude a un sentimiento comunitario más fuerte y duradero.

Algunos artículos de prensa han sugerido efectos económicos: aumentos en el Producto Interior Bruto o incremento de las visitas turísticas. El primer efecto me parece muy dudoso, y sería un síntoma de lo frágil que es el PIB español que un aumento de la euforia consumista produjera un efecto tan elevado. Tampoco me parecen muy fiables las previsiones turísticas, aunque todo esto prefiero dejárselo a los expertos.

Pero hay un efecto que va a ser más duradero en el país, y que yo juzgo negativo a largo plazo. Que todos los chicos jóvenes del país van a querer ser futbolistas, y todas las chicas, periodistas.

Lo de los chicos creo que no necesita mucha explicación. Tampoco es nuevo: ya hace años que todos los chicos quieren ser futbolistas, y, lo que es peor, también es lo quieren los padres. Cuando el año pasado mi hijo tuvo que elegir su carrera universitaria, me sorprendió la cantidad de sus compañeros, incluso algunos de ellos brillantes estudiantes, que se apuntaron a materias relacionados con los deportes, hasta el punto que varios tuvieron que conformarse con estudios deportivos no universitarios. No critico su elección, pero creo preocupante como país que incluso brillantes estudiantes consideren que la mejor forma de promoción social es la actividad deportiva. Es claro que la reciente victoria no puede por menos de incrementar esa tendencia en los chicos… y en sus padres.

Lo de las chicas requiere una pequeña explicación. Ya hace un tiempo hablé sobre el llamado “Efecto Letizia”. Es un término empleado por Carlos Elías en su libro “La razón estrangulada”, y hace referencia en la atracción por la carrera de periodismo, como forma de promoción social, que conduce a que esta carrera sea una de las que requiere notas más elevadas de entrada, a pesar del alto nivel de paro y precariedad que soporta. Pero cuando uno ve las posibilidades de contactos personales que ofrece, y el “efecto fama” que facilita, a muchos jóvenes le puede merecer la pena el arriesgar y orientar su vida profesional por ese lado. Comentaba en ese artículo que la promoción puede ser indirecta, por medio incluso del matrimonio, y que había numerosos ejemplos del contacto de periodistas con personas poderosas, hasta culminar con la llegada al principado, y de ahí el nombre del efecto. Sara Carbonero en el Huffington Post

Recientemente especulaba en otro texto con la posibilidad de que el fenómeno se viera pronto difuminado debido a la dura situación económica que se avecina, y que a medio plazo carreras más exigentes como las científicas pudieran ver cómo se incrementa el interés por ellas, mientras que disminuiría la atracción por el periodismo. Sigo pensando que la primera parte es aún válida. Pero ya no estoy seguro de la segunda. Cuando entre los 30 principales hitos del Mundial de fútbol para el influyente Huffington Post, dos hacen referencia a una periodista y su romance con lo más parecido que ahora existe a un príncipe azul, me atrevo a vaticinar que el año que viene la demanda para entrar a Periodismo se va a disparar todavía más.

Es triste, pero me temo que esa va a ser, a largo plazo, la principal consecuencia del Mundial. Que pasaremos del “Efecto Letizia” al “Efecto Sara Carbonero”.

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Aŭtoro / Autor:Tonyo
Dato / Fecha: 18 Julio 2010 13:58
Lingvo / Idioma / Language: en castellano
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